Los niños y la cosmética natural

Los niños y la cosmética natural

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¡Hola nuevamente! Esperamos que te encuentres muy bien. Gracias por estar aquí leyendo nuestro blog.

Hoy queremos compartir contigo esta preciosa nota que escribe Victoria Moradell.

“Nos convertimos en nosotros a través de los otros”, decía el psicólogo ruso Lev Vygotsky, uno de los principales referentes cuando hablamos de psicología del desarrollo. Y ahora que está tan de moda la palabra influencer, ¡es tan bonito pensar que el gran influencer de un hijo son sus padres, sus referentes, o las personas con las que conviven día a día!

Los padres tenemos ese tremendo privilegio. Aunque a veces ni siquiera lleguemos a expresar nuestras intenciones, nuestros hijos son capaces de interceptarlas y adaptarlas a su mundo.
De poco sirve que les digamos que hagan A, si nosotros hacemos B.
Ellos, tan pequeños, pero tan inteligentes. En cuanto perciben una falta de coherencia entre nuestra intención y nuestra acción, se enfadan y suelen optar por hacer lo contrario.
Por eso, si queremos que nuestros hijos se interesen por la vida natural, un buen punto de partida será que nosotros mismos estemos interesados en ello. Y no solo que lo hagamos porque es lo que toca, o es lo correcto, sino que lo disfrutemos de todo corazón.

Hace un tiempo, viendo unas imágenes de Marie Kondo, creadora del método revolucionario Konmari
para mantener la casa permanentemente en orden, me sorprendió que mientras ella doblaba toda la ropa
tras la colada, su hija de 3 años la ayudaba con una cara de felicidad inmensa. La siguiente secuencia mostraba la habitación de la niña impecable. Entonces, el periodista le dijo: ¡Cómo lo haces! ¡Por favor, cuéntanos tu secreto para conseguir que los niños mantengan todo en orden!
A lo que ella respondió con una sonrisa calmada: “Yo no hago nada. Ella me ve feliz cuando ordeno y por eso trata de imitarme”.

Tengo 3 niños pequeños. Y sin que yo me haya sentado un día a explicarles las bondades de lo natural, ellos ya lo saben solo con mirarme. ¡Y les encanta imitarme! Ellos me dicen: “mamá, vamos a hacer experimentos”.

Os cuento cómo lo hago: Lo primero que tenemos que hacer es preparar el espacio. Es mucho más divertido si les ponemos un delantal o ropa vieja, nos instalamos en un espacio que se pueda limpiar fácilmente, y ponemos todo a su alcance.

Aceite de flores: Cogemos un puñado de flores y las dejamos secar sobre un papel absorbente. Al cabo de unos días, cuando estén  completamente secas, las ponemos en una botella. Sobre ellas, aceite vegetal de oliva, girasol, o almendras dulces. Después podemos jugar a darnos un masajito de flores. Además, el recipiente queda muy bonito en el baño, y ellos se sienten orgullosos de su creación.

La próxima vez que vean plantas inmediatamente pensarán en cómo quedarían en su aceite de flores.

Sales de baño: Pulverizamos nuestras hierbas favoritas. Ahora dejamos que los niños mezclen a su gusto las plantas molidas con sal fina. Que huelan, que toquen y que experimenten, es un lujo para todos sus sentidos. Añadiremos un par de puñados al agua del baño.

Bombas de baño: Mezclamos en un recipiente media taza de bicarbonato de sodio, media de sal de frutas, y dos  cucharadas de aceite. Removemos bien con ayuda de las manos. Pulverizamos un poco de agua. Solo un poco, porque si no se producirá la reacción efervescente antes de tiempo. Volvemos a remover. Ponemos la mezcla en unos moldes. En una cubitera, por ejemplo. Presionamos y esperamos 24 horas antes de desmoldar. Después la añadimos al agua del baño para ver cómo se funde en muchas burbujas.

Si no queremos hacer las bolitas, podemos añadir un puñado del polvo al agua. Un baño irresistible, y una
experiencia inolvidable que guiará sus pasos cuando sean adultos.

 

Esperamos que hayas disfrutado esta nota preciosa, y nos reencontramos dentro de poquito.

Fuente:BioEcoActual

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