Esponja Vegetal o Luffa

Esponja Vegetal o Luffa

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¿Qué son las esponjas vegetales? Quizás has oído hablar de las luffas.

Son un producto orgánico obtenido a partir de una especie de pepino, que tras ser secado y pelado, se obtiene un esqueleto fibroso similar a la rodaja de un tomate, que resulta perfecto para ser utilizado como una esponja para diversos usos domésticos, como el cuidado personal o lavar los platos.

¿Sabías que las podés plantar en tu propio huerto y dejar de consumir esponjas plásticas?

Planta de esponja vegetal
Estas esponjas se obtienen de una planta perenne anual de la familia de las cucurbitáceas, como la sandía, el melón, las calabazas o los pepinos, del género luffa que se denomina Luffa cylindrica (L.) M. Poen. Su origen está en el suroeste asiático y son frecuentes en las zonas subtropicales del planeta.



¿Cómo cultivar la esponja vegetal?

Como son plantas muy sensibles a las heladas y necesitan temperaturas superiores a los 20°C, tenemos que sembrarlas en épocas de calor, o tenerlas al resguardo, en una huerta tapada, por ejemplo, hasta que germine.

Las plantas tienen hojas grandes, verdes, lobuladas 5 ó 7 veces o angulares, con forma triangular, textura de papel y rasposas al tacto.
Son plantas trepadoras que pueden alcanzar hasta dos metros de altura.
Cuando han madurado su color es verde amarillento, alcanzan de 25 a 30 cm y es el momento de recolectarlas.
En una misma planta existen calabazas de distintos tamaños y en distintos estados de madurez. Debemos recogerlas antes que comiencen las heladas.
Una vez recolectadas las mantenemos en un lugar seco y ventilado, sobre papeles de periódicos. Cuando se vuelven de color marrón y al moverlas suenan las semillas es el momento de quitar la cáscara. En su extremo apical se abre un poro terminal y si no tenemos cuidado por allí se nos caerán las semillas.

Se pelan sin dificultad, utilizando las manos, al retirar la piel descubrimos con sorpresa ¡una verdadera esponja vegetal!. Es el tejido vegetal formado por las células ahora muertas, rígidas y lignificadas que antes sirvieron para conducir la savia y sostener la estructura.

Para eliminar los restos de materia orgánica y las impurezas las ponemos en agua caliente a la que hemos añadido un chorrito de hipoclorito. Las frotamos con las manos, las aclaramos bajo el chorro del grifo y las ponemos a secar.
Después, utilizando un cuchillo, las cortamos transversalmente para obtener nuestras esponjas con la forma y el tamaño deseados.

Las esponjas vegetales tienen un tacto áspero cuando están secas pero al mojarlas su tacto es más suave.

Las utilizamos como exfoliante de la piel y como esponja para la higiene personal. Es importante que se sequen bien después de cada uso.
Según un estudio, las esponjas naturales son más propicias al desarrollo bacteriano, debido a su infinidad de recovecos y las condiciones de humedad en las que se encuentran por esto queremos darte algunas recomendaciones para que la utilización de la esponja sea lo más higiénica posible:

1- Reemplázala con frecuencia: como mínimo cada dos o tres semanas. Deberás hacerlo antes si notas que han aparecido manchas de moho o que ha cambiado de color u olor. Además, los dermatólogos recomiendan que “nunca se compartan con otra persona”.

2. No dejarla en la ducha: para que dure el máximo tiempo posible, no debemos dejar la esponja en un ambiente húmedo donde las bacterias pueden crecer a su antojo. En su lugar, es mejor que seque en un lugar donde corra el aire como, por ejemplo, frente a una ventana abierta.

3. Desinféctala con hipoclorito: si es de las naturales y no de las de plástico, se puede empapar en una solución diluida de hipoclorito durante cinco minutos una vez a la semana.

Sabiendo todo esto, ¡a disfrutar de una perfecta exfoliación!

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